Desde Cañete-Lima-Perú

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"...Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nievek. Ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones: ojalá que no pueda tocarte ni en canciones...". Silvio Rodríguez.

miércoles, 27 de setiembre de 2006

La Felicidad

La Felicidad. Ese retazo de sombra multicolor, que se escabulle a veces entre unos sostenes o unos pétalos borrachos. Ocasionalmente soy infeliz, parado en una esquina viendo la vida brincar de un lado a otro, en un sin sentido perpetuo. Ser feliz implica no haber naufragado en tus propios zapatos. Haber comido y bebido bien. Estar salvaje a la hora del crepúsculo. A la hora de amar como un caballo. Para algunos La Felicidad es sinónimo de un viaje a cualquier parte o tocar muslos desnudos con la yema de los dedos. Lo es también deleitarse con la sinfonía del Barcelona FC. Siempre corremos tras La Felicidad, nuestro objetivo es retenerla, que nunca se vaya.

Un buen desayuno, un pitar profundo de un cigarrillo, obviamente a muchos nos hace felices. He sido feliz en otra parte y en otro tiempo. Oyendo a Shoking Blue cantarme Demon Lover. He sido feliz en los bares mas desastrosos y en las noches más aburridas. Cuando nos había que hacer otra cosa que ser feliz. Cuando la tristeza había nadado por todos los espejos y de lo único que daba ganas era de morirse. He sido feliz cuando la marea de tus pecas se borraba de mi memoria. Cuando me comentaste que ya nada podías hacer por mi, salvo meterme a la jaula de los leones. Porque el no abandonarse ser fuerte es vestirse también de hombre feliz.

He sido feliz cuando no había mas boleto para serlo. Cuando el tren de los pasajeros felices se había marchado... Cuando no tenía piernas... Y cuando me hallaba ciego... Y cuando Dios me apaleaba.

Porque mil millones en el banco, un palacio o un yate, las condecoraciones y los halagos, no bastan para hacer a un hombre feliz, tampoco la melodía del piano de Dios. También hay hombre felices comiendo sólo pan al mediodía.

La Felicidad, ese escupitajo breve que a veces nos lanza un Dios bueno.


Jun Carlos Guerrero

Compatriota, autor del libro “Algunos cuentos para ti y otros para el mundo”, y Director de la Revista Espartako...

viernes, 15 de setiembre de 2006

Ojalá

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan,
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre,
en todos los segundos, en todas las visiones,
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Silvio Rodríguez
(1969)